martes, 8 de abril de 2014

EL COLGADO - ARCANO XII - CICLOS NATURALES Y ARQUETIPOS



EL COLGADO - ARCANO XII - CICLOS NATURALES Y ARQUETIPOS



En la naturaleza, una y otra vez se suceden diferentes ciclos. Esto se explica muy bien en el «I Ching», o «Libro de las Mutaciones», una obra que tiene ya más de 5000 años. El segundo libro del  «I Ching», el que se utiliza también como oráculo, nos explica las 64 mutaciones que se presentan en la naturaleza, de tal forma que, una vez aprehendido el orden que siguen los diferentes ciclos (en definitiva el único, el de la Vida), se hace innecesaria la adivinación. El futuro se conoce entonces, incluso antes de intuirse.

Dentro de estos ciclos, uno de los estadios más difíciles de «soportar», es aquel que encuentra en El Colgado su máxima expresión.

El arcano XII del Tarot, El Colgado, yace suspendido en el aire, colgado de su pie izquierdo, a una rama transversal que está sostenida a su vez por otras dos ramas, estas últimas perpendiculares al suelo.
A pesar de lo incómodo de su posición, la actitud de El Colgado se halla entre la resignación y el sacrificio.
Esconde las manos, como quien se las toma detrás de la espalda para forzarse a no intervenir, a dejar pasar la vida delante suyo, simplemente observándola atentamente, para reflexionar y meditar sobre lo que ve, y pensarse muy bien cuál será su próximo paso, el que rompa ese estancamiento que es externo, no interno.

El Colgado medita. Está realizando una dolorosa transformación interna, al punto de estar colgado cabeza abajo. Se ve forzado a mirar las cosas desde una perspectiva distinta a la habitual y, por descontado, a librarse de las ataduras materiales (sus bolsillos están abiertos, lo que hubiera, se ha perdido; y lo único que lo ata es esa cuerda que amarra su pie izquierdo al mundo material).

Le queda libre el pie derecho, lo que nos lleva a pensar que puede salir de esa situación si activa su parte creativa e intuitiva.

Se dice que antiguamente, el arcano XII era El Ahogado, y que fue con las prácticas ejemplarizantes del Medioevo que se convirtió en el hombre colgado boca abajo que conocemos hoy.

Su correspondencia astrológica con Neptuno parece confirmar esta hipótesis. Neptuno (Poseidón en la mitología griega) era el señor de los mares. Su atributo era el tridente, con el que embravecía o pacificaba las aguas. Era el protector de los marinos y de los viajes por agua.

Su referencia al cambio interior, realizado con sacrificio (ya sea elegido a conciencia o impuesto por la vida, por el karma, por circunstancias aparentemente externas), también nos recuerda a los ritos de purificación a través del agua. Antiguamente, para bautizarse era necesario sumergirse por completo en el agua, para salir renovado, limpio, puro. Aún hoy algunas religiones siguen utilizando baños en sus rituales de iniciación.

De esta forma comprendemos una vez más, cómo los ritos son la manifestación externa de un cambio interno. Aunque gran parte de su significado se haya perdido o no sea tomado en cuenta, si la ceremonia se realiza con plena conciencia de lo que se está haciendo (el cómo, el por qué y el para qué), las manifestaciones externas e internas son dos caras de la misma moneda, se complementan.

La actitud de El Colgado, que muchas veces se interpreta como estancamiento o inacción, sugiere que es un momento propicio para la introspección, la reflexión y la meditación. También indica que hay patrones de pensamiento o de conducta que es necesario modificar, porque nos han llevado a una encrucijada, de la que solo saldremos si somos capaces de transformarnos primero internamente.

Es por eso que, en los momentos en los que nos encontramos inhabilitados para actuar, es importante tener en cuenta que esos tiempos de «espera», tienen que ser de una espera «activa» interiormente.

Para concluir, un poema del «Tao Te Ching», que ilustra perfectamente lo expuesto anteriormente:

48
«En la búsqueda de conocimiento
cada día se añade algo.
En la práctica del Tao
cada día se abandona algo.
Cada vez es más superfluo forzar las cosas
hasta que al fin se llega a la no-acción.
Cuando nada se hace,
nada queda por hacer.

La verdadera maestría se alcanza
dejando que las cosas sigan su curso.
No puede alcanzarse interfiriendo.»



(Poema 48, «Tao Te Ching», Lao Tse, Ed. Alianza, 2012)

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